Psicología de la Comunicación

miércoles, 5 de marzo de 2008

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Publicado por Vilma Almendra, Ximena Cabrera, Antonella Pineda y Felipe Tapiero en 20:45

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      • Comunicación Humana: Lenguaje y Discurso

Contextos comunicativos e interacciones simbólicas

Escrito por: Andrés Felipe Tapiero Ríos

Contextos comunicativos e interacciones simbólicas

En relación con las nociones referidas a lo largo de la entrevista realizada, conviene poner acento en dos de ellas, a mi modo de ver, fundamentales en la comprensión del fenómeno comunicativo. Hablamos entonces, de la interacción simbólica y el contexto en el que éstas tienen lugar. De allí que, prestar atención a ambas nos arroje como resultado una aproximación compleja a la acción comunicativa, en tanto nociones elementales sin las cuales sería imposible explicar la manera cómo individuos inscritos en el seno de un grupo social determinado, intercambian símbolos en sus acciones cotidianas.

De hecho, al plantear Bateson una concepción nueva de la comunicación, lo que sugiere es, un acercamiento dialógico entre disciplinas como la antropología, la sociología y la psicología, con respecto a procesos comunicativos, a saber, objetos de estudio filiales al campo epistemológico de las ciencias sociales y humanas. Desde esta perspectiva, la teoría de la comunicación comprendida con base en los aportaciones realizadas por el interaccionismo simbólico, cobra importancia en cuanto a procesos sígnicos que implican la instauración del código o la convención. Se trata pues, de dominios consensuados que ponen de manifiesto el carácter lingüístico de los hechos humanos. La construcción social de realidad, y el modo como los agentes productores de sentido la constituyen, reviste de este modo, una doble dimensión entorno a la acción comunicativa, como un elemento inherente de la acción social. No en vano Bateson señala el que sea la comunicación una matriz en la que convergen todas las actividades humanas, no sólo porque en ella expresa una afectación del contexto y del “otro” que se hace indispensable en el intercambio intersubjetivo de formas simbólicas.

En cuanto a las definiciones que nos da Giddens, con respecto a la vida cotidiana, a la interacción social, y simbólica, nótese que, partiendo de la corriente del interaccionismo simbólico, estos tres elementos aparecen conjugados en torno a procesos determinantes del universo social que promulga la sociología. En esta línea, Giddens señala que “las rutinas de la vida diarias, que nos enfrentan cara a cara con nosotros, constituyen el grueso de nuestras actividades sociales[1].” De allí la importancia que tiene el bricolaje entre las nociones de cotidianidad, entendida como la repetición de esquemas sociales que dan cuenta de esa gran estructura social, y de la acción social, en la que aparecen inscritos otros actores de la vida colectiva.

Esto anterior resulta justificado, si entendemos que esta perspectiva reconoce que en toda interacción social, se genera un intercambio simbólico, y por consiguiente, de símbolos socialmente compartidos. Giddens señala al respecto que, “cuando interactuamos con los demás buscamos constantemente “claves” que nos indiquen cuál es el tipo de comportamiento más apropiado en este contexto, así como el modo de interpretar las intenciones de los demás”.[2]

Por otro lado, en relación con la perspectiva del interaccionismo simbólico, Goffman resalta que, en muchas ocasiones “nuestras vidas están organizadas en torno a la repetición de esquemas similares de comportamiento día tras día, semana tras semana, mes tras mes e incluso año tras año”, que en su suman vienen a dar cuenta de la identidad de cada personaje que interactúa en la compleja escena social[3].

En la medida en que la interacción cotidiana está mediada necesariamente por el lenguaje, ya sea éste verbal o no verbal, encontramos tal como lo señala Giddens que, “la interacción cotidiana depende se sutiles relaciones entre lo que expresamos con nuestro rostro y nuestros cuerpos y lo que expresamos mediante las palabras[4]”. En este sentido, creo que los estudios sobre la comunicación humana deberían privilegiar espacios de interacción cara a cara, en la medida en que éstos sugiere contactos y encuentros cotidianos con otros. Esto lleva a que mediante la expresión, se pueda construir de manera compartida el sentido, es decir, que es la negociación de los sentidos, de lo que algo quiere decir o no, la que determina cuáles son las pautas que constituyen a ese espacio, en una comunidad del lenguaje. Frente a esto, Rafael Echeverría, señala que los individuos se articulan en torno a comunidades del lenguaje, de modo que éstas se colman de significados expresados por cada uno de los sujetos que la habitan.[5]

En contraste con lo anterior, vemos que Giddens, citando a Goffman, explica que la construcción social de la realidad, es una noción que sugiere que las personas interactuantes, definan las situaciones o las realidades en las que se encuentran[6]. Y es precisamente también Giddens, quien hace énfasis en que “las formas más intrascendentes del habla cotidiana presuponen un conocimiento compartido y complejo que los participantes “ponen en juego”. Es este el motivo por el cual, las palabras, las jergas, los términos empleados no poseen significados preestablecidos, son los agentes constructores y productores de sentido, los que fijan “las presunciones implícitas que lo apoyan[7].” Por ello, el extrañamiento y el desentrañamiento de una realidad densa[8] e interiorizada por la usanza, se constituye como una constante en la comprensión del modo en que el capital simbólico de un determinado grupo se ordena y se expresa mediante interacciones comunicativas. En este sentido, vemos que, la complejidad que adquieren las interacciones simbólicas de los sujetos, se fundamenta en la existencia de un contexto socio-histórico y cultural que permitirá entender la acción comunicativa en relación con condiciones específicas de interacción simbólica.

Retomando lo anterior, Thompson señala que dichas formas simbólicas generadas por actantes sociales, obedecen a “acciones, objetos y expresiones significativas de varios tipos en relación a contextos y procesos históricamente específicos y socialmente estructurados dentro de los cuales, y por medio de los cuales, esas formas simbólicas son producidas, transmitidas y recibidas”[9]. Frente a estas formas simbólicas tan variadas están inmersas en tramas de sentido sumamente complejas en las que, tal y como lo afirma Geertz, “la conducta humana es vista como acción simbólica- acción que, lo mismo que la fonación en el habla, el color en la pintura, las líneas en la escritura o el sonido en la música, significa algo”[10]. Por ello, todas las acciones simbólicas, serían en consecuencia, acciones codificadas, o mentadas, que guardan una intención en su ejecución. Dentro de este campo, el que un vendedor decida decorar su lugar de trabajo de un modo determinado y no de otro, se convierte en una acción significativa o simbólica. Del mismo modo, la suma de las acciones singulares de cada actor social, se establece como una amalgama mixta, en la que cabe una representación general de un grupo. Son pues esas maneras de significar, mediante las acciones cotidianas, las que interesan aquí.

Atendiendo a lo antes expuesto, creo pertinente entonces estudiar complejas tramas de sentido generadas mediante interacciones simbólicas entre sujetos sociales constructores de sentido, dado que un estudio de este tipo nos indica de manera explícita que, la ciudad, y los distintos escenarios de la vida urbana que la componen, se han tornado en espacios propicios para pensar la comunicación, reflexionar sobre los modos cómo dichos sujetos configuran sus constructo social y poner en funcionamiento un análisis de la comunicación humana.



[1] GIDDENS, Anthony. Cultura, individuo e interacción social. Capítulo 4: Interacción social y vida cotidiana. Sociología. Alianza Universidad Textos. Madrid, 1991. Pág. 124.

[2] GIDDENS, Anthony. El desarrollo de la teoría sociológica, en Sociología. Madrid: Alianza Editorial, 1991. Pág, 737.

[3] Op. Cit. Pág. 124.

[4] Ibíd. Pág. 134.

[5] ECHEVERRÍA, Rafael. Ontología del lenguaje. Madrid, España. 1995. Pág. 223.

[6] Op. Cit; GIDDENS, Anthony. Pág. 145.

[7] Ibíd. Pág. 128.

[8] Cfr.Noción acuñada por Clifford Geertz para definir un tipo de mirada sobre las culturas.

[9] THOMPSON, John. Ideología y cultura moderna: teoría social crítica en la era de la comunicación masiva. Río de Janeiro, Vozes, 1995. 181 p.

[10] GEERTZ. Clifford. La interpretación de las culturas. Ed. Gedisa. 24p.

AntonellaPineda

AntonellaPineda
com.social

Vilma Almendra

Vilma Almendra
Estudiante de Comunicación Social -Periodismo

El contexto determina el mensaje

Escrito por: Vilma Almendra


El contexto determina el mensaje

¿Sería modificada la significación por un cambio dado en la secuencia o en el contexto?, es la pregunta que plantea Gregory Bateson al referirse a la importancia del contexto en la comunicación humana. Con lo que nos lleva a confirmar la trascendencia que tiene el contexto para la interpretación y el entendimiento de un mensaje o una señal en un lugar determinado. Es decir, que el hecho de repetir un mensaje en diferentes lugares no siempre va a significar lo mismo, porque tanto el ambiente, como el proceso de aprendizaje del otro tienen que ver en la forma como éste asume el mensaje y por consiguiente su reacción está determinada por el contexto.

“Un contexto en el acto comunicativo depende no solamente del presente, también de la historia que yo traigo conmigo y que es la historia que yo puedo poner en presente cada vez que hablo, quien soy, qué digo, cuándo digo, qué perspectivas teóricas conozco, decir lo que digo…[1]”. Es lo que nos afirma la Licenciada en Literatura, Ana Lucía Paz, acerca de la importancia que se le da al estudio del contexto en el acto comunicativo. Aporte sumamente pertinente, porque ella hace alusión a algo muy significativo que es la historia y la experiencia de cada persona. Son elementos que siempre se deben tener en cuenta en la comunicación no sólo para entender al otro sino también para hacerse entender. Tal como lo define Bateson, es donde se presentan los sistemas de reglas posibles que dos personas pueden tener en común para entenderse entre sí, es decir, lograr la interacción.

Con lo anterior, queda claro que la significación deseada se da cuando el mensaje es recibido de la misma manera por las dos personas que actúan en un intercambio de señales. Pero obviamente en este intercambio se pueden presentar inconvenientes como los que se nombran anteriormente, cuando partimos de supuestos. “En el mensaje se deben emplear signos que hagan referencia a experiencias comunes de la fuente y el destinatario, de tal forma que se logra transmitir el significado[2]” Es decir que cuando dos o más personas interactúan está en juego el aprendizaje, la historia y la manera de ver el mundo de cada uno de ellos para lograr un entendimiento mutuo.

También comparto ampliamente la posición de Ana Lucía cuando se refiere a que un sujeto siempre que hace un enunciado debe tener en cuenta que sus enunciatarios sepan de lo que se habla. Es decir, que se prima el contexto, porque no puedo suponer algo de lo que no estoy seguro. Pero esto, a pesar de tenerlo claro, muchas veces lo olvidamos porque actuamos inconscientemente y es allí donde las premisas de Freud como la transferencia generalizada, la proyección y la identificación juegan un papel trascendental. Ya que al adjudicar mi pasado al otro para suponer que va a entender el mensaje correctamente, proyectarme en el otro para creer que su reacción será igual a la mía si estuviera en su situación e identificarme con el otro para ser reconocido y aceptado, son situaciones que pasan pero no somos concientes de esto.

Entonces, al actuar de esta manera es posible que tengamos dificultades para hacer saber al otro y lograr que entienda desde su contexto, porque no se le está reconociendo como un sujeto con historia, con experiencia, con múltiples vivencias, con una forma de vida diferente si es el caso. En fin, actuamos como creemos y hasta estamos seguros que es así como debe ser, pero muchas veces ignoramos al otro, sus sentimientos y no lo reconocemos en su diferencia. Este es el entramado de la comunicación humana que nos envuelve y que desde nuestra posición como comunicadores sociales debemos tener muy claro siempre para lograr un entendimiento, en lo posible, amplio de las señales y mensajes que intervienen en la interacción con otros.



[1] En Entrevista con la Comunicadora Social Ana Lucía Paz, docente investigadora de la Universidad Autónoma de Occidente- UAO.

[2] COLLADO, Carlos. La Comunicación Humana. “Cómo afecta la Comunicación”. Ed. McGraw Hill. México. 1995. Pág. 11.

Ximena Cabrera

Ximena Cabrera
Estudiante de Comunicación Social-Periodismo

Comunicación humana, un proceso inquietante

Escrito por: Ximena Cabrera

“Hay pocos animales más temibles
que un hombre comunicativo
que no tiene nada que comunicar”
Charles Augustin Sainte-Beuve

La comunicación es un proceso que se centra en la emisión de signos, códigos y señales para la elaboración de un mensaje. Se presume de manera inconsciente que son comprendidos a cabalidad por el receptor, tal como lo presenta Bateson, al señalar una de las seis premisas freudianas: la transferencia. “Toda persona que emite señales que ha aprendido, lo hace suponiendo (generalmente de manera inconsciente) que el receptor de esas señales las comprenderá correctamente, es decir, presume que su interlocutor se parece psicológicamente a algún locutor anterior”[1]

De la misma manera, la docente Ana Lucía Paz, licenciada en literatura plantea que “la comunicación requiere tiempo, de unos signos y unos códigos convencionales para que los sujetos que entran en ese proceso puedan entender”.

Por eso, se puede concretar que la comunicación es un proceso de en su mayoría inconsciente, y que al ser una ciencia trasndisciplinar se apoya en otras ciencias, como la psicología, la antropología y otras ciencias sociales. De la misma manera que se orienta con las matemáticas para la cuantificación de datos.

Por otro lado, se puede destacar la importancia de la interacción simbólica que propone Bateson, en la medida que la comunicación se construye en sociedad y depende del contexto para la efectividad de la misma.

A su vez, se resalta que la comunicación humana esta subordinada a la manera en que cada individuo se proyecta ante la sociedad. Por tanto, las lógicas de interacción, dependen de las experiencias del pasado, tanto lejano, el de la infancia, como el más cercano al hoy, que puede orientarse en situaciones reiterativas y constantes.
En cuanto a la teoría de comunicación que propone la licenciada Ana Lucía Paz, me parece de gran valor el plantear el espacio que dan las nuevas tecnologías. Se crean nuevos contextos para interactuar, como el Chat, que de hecho considero que ha sido un campo poco explorado.
A pesar de contar con innovación tecnológica, aún los estudios acerca del comportamiento humano están sujetos a los medios convencionales, como la radio y principalmente la television.
Entonces, puedo concluir que la comunicación a la luz de las Nuevas posiciones por Gregory Bateson y de la entrevista realizada con mi equipo de trabajo a la docente Ana Lucía Paz, que la comunicación aunque tuvo sus primeros estudios en los años cincuenta, es un proceso inconcluso, por la misma complejidad, de ser una ciencia que se apoya en otras para consolidarse. Es tan amplia, que resulta difícil delimitar un sólo espacio, contexto o sujeto de estudio. Por que la comunicación se construye con el día a día, por tanto, es dinámica, de allí que sea, un proceso inquietante.

[1] BATESON, Gregory. Posiciones teóricas. La nueva comunicación.Página 126

Andrés Felipe Tapiero

Andrés Felipe Tapiero
Estudiante de Comunicación Social-Periodismo